hay lugares de los que uno nunca vuelve
escenarios donde la física es
con suerte un anagrama
o la salida en falso
de una prodigiosa carrera
La nomenclatura de lo transitorio
desvanecida la frontera
entre planos vectores alegorías

coordenadas
que dividen y fragmentan
hasta hacer de nosotros una ilegible
unidad de medida
inútil en tanto absurda
una cáscara rígida sin geometría
en busca de sosiego y consistencia

por alguna extraña manera
uno evita marcharse de sitios como aquellos
Deambulamos extraviados por ciertos intervalos
en los que es imposible discernir
la entrada o la salida
al ver una puerta abierta

la falta de perspectiva
se adhiere a la retina
la inhibe lentamente
poblando de fantasmas el futuro
Un doble párpado
que inocula desconfianza hacia la luz
y sus ondulaciones

latitudes espejismos,
o tal vez un cúmulo de decisiones aplazadas
El temor a no volver / a romper el vínculo
genera una retahíla de ilusiones
sensaciones que ya no nos pertenecen
los escombros de todas las edades muertas
en las que vivimos o dejamos de vivir

entornos tan extensos y lejanos
que colindan en el tiempo
desplegados a lo largo de una antigua cartografía
más allá de lo que nuestra voluntad alcance
o a dondequiera que el impulso nos guíe

una arquitectura que se construye solo desde dentro
Allí de donde nunca nadie ha vuelto siendo el mismo