Y entonces, dije al Padre:
NO.

No hubo nunca suficiente espacio
entre nosotros.
Nosotros, que lo necesitábamos tanto;
nosotros, que venimos
desde más allá de los hormigueros;
nosotros, los que nos encogemos de hombros
y nos contentamos con morir
debajo de un árbol.
N O S O T R O S...


Ahora que lo pienso,
había una pequeña casa,
inclinada como muchas otras.
Equilátera;
más hermosa que un tallo blanco
y mi silueta proyectada
sobre la grava.
\ Sobre la insidia \

Yo era muy pequeña, creo recordarlo.
Solíamos regresar de la noche oscura
llevando piedras en los bolsillos.
Amuletos contra la desconfianza
y el amor de madre
en las encías.

Todavía era muy pronto para saberlo.


Padre, te dije:
¿qué es todo este brillo que pesa?
¿qué es exactamente aquel
ruido rojo que se repite
en mis hermanos?

\ Y o t e m i r a b a \

A qué viene entonces tanta culpa
si fuimos nosotros quienes llegamos antes,
buscando un lugar donde quedarnos.
Donde esparcir la semilla.

Llegamos, recuerdo;
el corazón intacto entre los brazos.
Acumulando centímetros,
instantes plagados de sobresaltos
y epitafios.
La espalda vencida;
el hueso roto.

Entonces,
tú dijiste:
Esta es la Ley del Padre;
esta la Ley del Hijo,
y este el Libro de los Días y las Noches.
Atesóralo en lo más profundo
de tu soledad.
Tenlo siempre abierto
como si fuese una ventana.
Así verás el sol precipitarse
por las mañanas.
Honra al Padre
\ N O \
Honra al Hijo
\ N O \
y verás el tiempo discurrir
entre las líneas de las manos.

\ Yo te escuchaba \

Cuídate de los días de lluvia
y de tormenta.
Cuídate de los falsos profetas.
No los elogies
ni provoques tampoco su ira.
Aprende a discernir entre la felicidad
y el perfeccionismo.
Desconfía de la quietud en la penumbra.
Esta historia la contarás
a tus hijos y a los hijos de tus hijos.
Guárdate bien del Hombre,
pero sobre todo de su lengua.
D e s u f a n t a s m a
No camines sola
por las encrucijadas de los bosques,
porque la llama de la vida
puede apagarse en cualquier momento.
Cuídate de los eclipses
y de los solsticios del alma.
Ama al Padre.
\ N O \
Ama al Hijo,
\ N O \
y así verás tus jardines florecer
por el resto de tus días.


Padre,
hoy es otro el fuego que declina.
Lo sé porque tu cuerpo
está cubierto por entero.
Lo sé porque siempre lo he sabido.

En aquel entonces,
yo era muy pequeña, puedo recordarlo...
ahora es este el monosílabo que nos queda,
\ el que nos une; el que fragmenta \
y porque es otra también la mujer que te escribe.


La que mueve de lado a lado la cabeza.