rigor mortis
Las extremidades caen hasta copar
el vacío con un sordo y aplastante silencio.
Su creciente ingravidez se extiende
de modo similar en que la mañana
se enfrenta a la noche:
con sutileza en el desvarío,
hasta abarcarla sin contención alguna;
contradiciéndose.
Traicionándose a sí misma
y a todo lo ajeno que representa.
El punto medio entre tensión y tiempo
descansa en la atonía de ese cuerpo
despreocupadamente lánguido, sereno…
Efímero como un bostezo
en el corazón de la abulia,
que se agota y desvanece
entre la parálisis del músculo
y el párpado entreabierto.
Si fuese cierto, entonces,
¿toda esta materia rígida que un día
ocupó un espacio y un lugar como nosotros
se transformará en algo distinto y hermoso?
¿Qué se descompone primero,
el alma o la idea que precede al infortunio?
La soledad comenzará a solidificarse
y contraerse hasta adoptar la forma
idealizada de un vago recuerdo, sin saber siquiera
si aquello es el final o solo su principio;
mientras, el tejido azul verdoso
pasa del olor al hedor
sin elasticidad ni movimiento.
de E·C·O·S [2019]
